Septiembre suele ser un mes en el que muchas personas se replantean su existencia. Con la llegada del final del verano y la vuelta a la rutina, sienten la necesidad de marcarse nuevos objetivos, iniciar proyectos distintos o modificar aspectos importantes de su vida. En definitiva, sienten que deben “salir de su zona de confort” para no estancarse y poder crecer y desarrollarse tanto personal como profesionalmente.
Sin embargo, aunque esta idea se ha instalado como un mantra casi universal, conviene detenerse y reflexionar: ¿es realmente necesario abandonar siempre esa zona para avanzar?, ¿puede haber personas a las que no les venga bien salir de un contexto cómodo y conocido?, ¿puede tener beneficios permanecer en ella según la circunstancia? Pues esto es justo lo que queremos analizar en este primer post después del verano.
¿De verdad permanecer en la zona de confort es algo negativo?
La llamada zona de confort no es, como se suele presentar, un espacio estanco y negativo. Al contrario, se trata de un estado psicológico (más que de un lugar físico) donde las rutinas, los entornos y las relaciones ofrecen seguridad, previsibilidad y bienestar.
Esa estabilidad no es en sí misma un freno para crecer, sino que puede constituir la base emocional sobre la que muchas personas construyen su equilibrio psicológico. Por eso, pretender que todos salgan de la zona de confort para sentirse realizados puede ser una exigencia poco realista y, en algunos casos, contraproducente.
La cuestión es muy sencilla: si una zona de confort es elegida voluntariamente, construida paso a paso con plena consciencia y aporta aquello que una persona necesita para sentirse bien, plena y feliz… ¿por qué abandonarla?
La necesidad de salir de la zona de confort enlaza mucho más con aquello que te contábamos en este reciente post: sí deben abandonarla las personas que no se sienten a gusto con su vida, que buscan algún tipo de realización que les dé un sentido a su rutina, que su día a día les genera ansiedad, angustia, tristeza… En esas situaciones es necesario dejar a un lado la pereza y la inercia que atan a esta zona, vencer el miedo a la incertidumbre que supone el cambio y poner fin a ese estado constante de procrastinación vital.
Cuando salir de la zona de confort no es ni necesario ni positivo
Pero como decíamos, existen situaciones vitales en las que permanecer en la zona de confort resulta no solo razonable, sino saludable:
> Cuando alguien atraviesa momentos de estrés, duelo o enfermedad, la estabilidad se convierte en un recurso esencial para sobrellevar la adversidad. En estos casos, añadir la presión de nuevos retos o cambios bruscos podría incrementar la ansiedad y minar la resiliencia.
> También es frecuente que, tras una etapa de esfuerzo y superación, permanecer un tiempo en una rutina conocida y en un entorno predecible permita consolidar los aprendizajes y recuperar energía antes de dar otro paso.
> Además, no todas las personas encuentran motivación en la incertidumbre o en la búsqueda constante de desafíos, todo lo contrario: esas situaciones les generan un notable malestar acompañado de cuadros de ansiedad o estrés.
Algunas personas se sienten plenas cultivando una vida basada en la calma, la previsibilidad y el cuidado de sus vínculos. Desde esta perspectiva, la zona de confort no representa un límite, sino un entorno elegido que resulta clave para alcanzar el bienestar emocional. Basta con pensar en el protagonista de la película Perfect Days para entenderlo.
De todas formas, esto no quiere decir que estas situaciones que estamos analizando en las que puede no ser adecuado salir de la zona de confort, en un momento dado, lo requieran.
El problema surge cuando se presenta como una obligación universal, sin atender a la diversidad de realidades y necesidades. El crecimiento personal no se mide únicamente por la capacidad de afrontar riesgos, sino también por la capacidad de alcanzar el equilibrio en la vida cotidiana.
Conclusión
En definitiva, quedarse en la zona de confort no es malo ni bueno, ni supone rendirse o conformarse: puede ser una decisión consciente para proteger la salud mental, consolidar logros, vivir con más tranquilidad o priorizar lo que realmente importa.
Tal vez el verdadero reto no sea huir siempre de ese espacio, sino aprender a valorar cuándo permanecer en él es lo más adecuado y cuándo no, como les ocurre a muchos de los pacientes que acuden a nuestro centro de tratamiento psicológico en Carabanchel por un problema de ansiedad.
Y ahí estamos nosotros, para ayudar a nuestros pacientes a identificar qué aspectos de sus vidas les están causando un malestar lo suficientemente profundo como para plantearse abordar un cambio que, a veces, sí es necesario y sí conlleva salir de su zona de confort.






