Aunque se ha hecho muy popular la frase “somos lo que comemos”, no deberíamos de olvidarnos de esta otra que dice mucho más de nuestra manera de estar en la vida: “somos lo que creemos”.
De hecho, en psicología existe el término clínico “creencias nucleares” que hace referencia a esas ideas profundamente arraigadas y casi inconscientes que tenemos de nosotros mismos, de los demás y del mundo que nos rodea. Se forman durante nuestra infancia y juventud y, sin darnos cuenta, determinan radicalmente cómo somos, cómo sentimos, cómo pensamos, cómo nos comportamos y nos relacionamos…
¿Y si algunas de esas creencias nucleares estuvieran afectando negativamente a tu bienestar? ¿Existe alguna posibilidad de identificarlas y corregirlas? Pues de todo ello vamos a hablar hoy en este nuevo artículo de nuestro blog.
¿Por qué queremos hablarte de las creencias nucleares?
Como ves, estamos abordando temas que guardan mucha relación entre sí y que tienen que ver con el autoconocimiento para aprender a gestionar mejor las emociones y modificar ciertos patrones de conducta que, sin generalizar, nos impiden llevar una vida más plena y satisfactoria. Si hace poco te hemos hablado de cómo nos afectan las distorsiones cognitivas, el tema que hoy nos ocupa va en la misma línea.
¿Y por qué estamos abordando este tipo de temas? Pues principalmente por la frecuencia en la que surgen en nuestro gabinete psicológico. Muchas personas que se acercan a vernos con un problema de ansiedad en Carabanchel necesitan revisar sus patrones de comportamiento haciendo hincapié en sus distorsiones cognitivas, en sus puntos ciegos emocionales y en sus creencias nucleares. Por eso, hoy les dedicamos unas líneas a estas últimas.
¿Qué son las creencias nucleares y cómo se forman?
Las creencias nucleares son ideas o esquemas mentales profundos, generalmente inconscientes, que estructuran la visión que una persona tiene sobre sí misma, sobre los demás y sobre el entorno en el que desarrolla su vida. Se forman a partir de experiencias tempranas, especialmente aquellas significativas o repetitivas, y actúan como “lentes” a través de las cuales filtramos la información que nos llega.
Desde una perspectiva clínica, estas creencias forman parte del sistema cognitivo propuesto por Aaron T. Beck en su modelo cognitivo de la psicoterapia. A diferencia de los pensamientos automáticos (más superficiales y accesibles a la conciencia), las creencias nucleares son rígidas y ofrecen una gran resistencia al cambio, incluso ante evidencias contradictorias.
Por ejemplo, alguien que desarrolló la creencia nuclear “soy un inútil”, tenderá a interpretar cualquier error, por mínimo que sea, como confirmación de su supuesta ineptitud, perpetuando así un ciclo de autodevaluación que juega tremendamente en su contra.
Por eso, muchas creencias nucleares que son disfuncionales o inadecuadas pueden afectar de forma determinante al equilibrio emocional, predisponiendo al desarrollo de trastornos como la ansiedad, la depresión o las dificultades en la socialización.
¿Existen varios tipos de creencias nucleares?
Si bien no existe una clasificación universal, las creencias nucleares, especialmente las más disfuncionales que afectan negativamente al bienestar, se suelen agrupar en tres categorías:
- Sobre uno mismo: Son las más comunes y suelen estar en la base de trastornos emocionales como la falta de autoestima.
- Sobre los demás: Afectan a la capacidad de establecer vínculos sanos y pueden dar lugar a apegos disfuncionales.
- Sobre el mundo o el futuro: Generan una visión pesimista o amenazante del entorno que puede provocar desde una visión dramática de la vida a cuadros de pánico.
Estas creencias nucleares limitan nuestra capacidad de adaptación y nuestro bienestar, ya que condicionan las decisiones, las emociones y las conductas de forma perjudicial.
¿Cómo modificar estas creencias disfuncionales?
El cambio de creencias nucleares requiere un abordaje terapéutico riguroso y sostenido en el tiempo, ya que no suelen modificarse de la noche a la mañana con la mera lógica o la voluntad. Algunos pasos claves que se incluyen en las terapias cognitivas-conductuales son:
- Identificación: El primer paso consiste en identificar las creencias nucleares. Quizás es el paso más difícil por lo arraigadas e inconscientes que son. Esto se logra analizando patrones de pensamiento recurrentes, emociones intensas y comportamientos evitativos. Sin duda, la ayuda profesional que pueden brindarte los terapeutas que encontrarás en el Centro de psicología en Pozuelo es clave.
- Cuestionamiento cognitivo: Una vez identificada la creencia, se desafía su validez mediante técnicas como la reestructuración cognitiva o la búsqueda de evidencias objetivas que la contradigan y te hagan volverte contra ella.
- Formulación de creencias alternativas: Se promueve la generación de creencias más realistas y funcionales. Por ejemplo, transformar “no sirvo para nada” en “cometo errores, pero también tengo habilidades valiosas”.
- Práctica y exposición: El cambio cognitivo se consolida a través del tiempo y de la acción. Debes poner a prueba las nuevas creencias para conseguir una reconstrucción más profunda y duradera.
Modificar las creencias nucleares no implica imponer afirmaciones positivas forzadas, sino revisar, desde una postura crítica y compasiva, aquello que se asumió como verdad y que perjudica negativamente tu bienestar emocional. ¿Estás ahora mismo dándote cuenta de que algunas creencias nucleares propias?






