En los últimos 10 años, han aumentado los diagnósticos de trastornos de ansiedad en jóvenes menores de 17 años, pasando de un 3,5% a un 4,1% en la actualidad. Así lo afirma el Instituto de la Mente Infantil (Child Mind Institute) organización estadounidense sin ánimo de lucro, cuyo fin es el de facilitar las vidas de los niños y las familias que lidian con la salud mental y los trastornos del aprendizaje, en su nuevo informe sobre Salud Mental en la Infancia, cuya temática, en esta edición 2018, versa en torno a los trastornos de ansiedad infanto-juveniles, analizando su prevalencia actual y el impacto de factores de riesgo tempranos, y describiendo los tratamientos eficaces a los que se accede con mayor frecuencia.

Tal y como señala el informe, algunos niños reaccionan evitando o mostrando miedo desproporcionado ante determinadas situaciones u objetos, mientras que otros muestran un comportamiento más explosivo, que, en ocasiones, puede interpretarse erróneamente como oposicionista u hostil. En los jóvenes que presentan fobias o trastorno de ansiedad social, sus dificultades se pueden atribuir a la “timidez”, y pocas personas reconocen la grave angustia que experimentan. De hecho, añade, muchos jóvenes no se dan cuenta de que las reacciones abrumadoras que experimentan derivan de un problema que puede tratarse eficazmente.

Atendiendo a lo anterior, el Instituto considera de interés abordar en profundidad esta problemática, cuyas conclusiones principales recogemos a continuación: En la infancia y la adolescencia, los trastornos de ansiedad son los más habituales, tanto en los Estados Unidos como en todo el mundo. De hecho, su reconocimiento clínico ha aumentado en la última década, registrándose un aumento de los diagnósticos de trastorno de ansiedad en jóvenes menores de 17 años, que han pasado del 3,5% a un 4,1% en la actualidad.

Aproximadamente, 117 millones de niños y adolescentes en todo el mundo han sufrido un trastorno de ansiedad. Aunque cerca del 10% de los jóvenes de 6 a 17 años presentan actualmente un trastorno de ansiedad, al inicio de su edad adulta, casi el 20% tendrá dificultades funcionales relacionadas con la ansiedad en al menos una área de su vida. En los niños, los trastornos de ansiedad pueden afectar todos los aspectos de su vida, pero particularmente su funcionamiento social y educativo.

El porcentaje de adolescentes estadounidenses que cumplirán los criterios para un trastorno de ansiedad es del 13% para la fobia específica, 9% para un Trastorno de ansiedad social, 8% para la ansiedad por separación, 2% para el trastorno de pánico, y 2% para el trastorno de ansiedad generalizada. Sin tratamiento, muchos subtipos persisten en la edad adulta. Actualmente, los estudiantes de secundaria presentan más síntomas de ansiedad, y tienen el doble de probabilidades de acudir a un profesional de salud mental que en la década de los 80. La ansiedad es la principal causa de preocupación en los servicios de orientación universitaria, superando a la depresión como la principal demanda entre los estudiantes universitarios que acuden a los servicios de salud mental, siendo la ansiedad la preocupación más frecuente (48%), seguida del estrés (39%). Uno de los factores de riesgo más fuerte y que se detecta en primer lugar, es el temperamento. Algunas investigaciones ponen de relieve el vínculo entre el temperamento temprano y los patrones de comportamiento posteriores: la inhibición de la conducta en los primeros años de vida predice el aislamiento social en la infancia.

Los datos al respecto sugieren que el 15% de los adolescentes que presentan una conducta inhibida, tienen cinco veces más probabilidades de desarrollar ansiedad social que aquellos que no la tienen. Asimismo, el 61% de los adolescentes que a los 2 años ya mostraban una conducta inhibida, presentan signos de ansiedad social a la edad de 13 años, al interactuar con adultos desconocidos. Muchos niños cuya ansiedad es causante de una angustia severa, por ejemplo, aquellos con mutismo selectivo, son etiquetados como “niños tímidos”. A este respecto, el informe advierte “de la preocupación generalizada por medicalizar toda timidez”. EL 80% DE NIÑOS Y ADOLESCENTES CON TRASTORNO DE ANSIEDAD NO RECIBE TRATAMIENTO, SEGÚN UN INFORME Susana Villamarín y Aída de Vicente 2 INFOCOP ACTUALIDAD Por ello, subraya la importancia de distinguir entre timidez normal y ansiedad clínica, recordando que, según algunos estudios, alrededor del 50% de los adolescentes se consideran “tímidos”, y, sin embargo, solo el 12% de esos adolescentes tímidos cumplen criterios para un trastorno de ansiedad social. Los trastornos de ansiedad se manifiestan en diferentes momentos de la infancia y la adolescencia.

La ansiedad por separación afecta principalmente a los niños más pequeños (10,6 años), mientras que la ansiedad social se presenta más adelante, cuando las relaciones entre iguales cobran más importancia (1 años). En el caso del trastorno de ansiedad social, una edad más temprana de inicio se relaciona con una mayor severidad en años ulteriores. Con respecto al género, las mujeres tienen un mayor riesgo de trastornos de ansiedad, y esta diferencia de género comienza en la pubertad. Las adolescentes tienen el doble de probabilidades de tener un trastorno de ansiedad. Los factores de riesgo genéticos juegan un papel particularmente importante en el trastorno de pánico y el trastorno de ansiedad generalizada. Los hijos de padres ansiosos tienen cinco veces más probabilidades de desarrollar un trastorno de ansiedad. El inicio del trastorno de ansiedad social en adolescentes se relaciona con un evento estresante.

La mitad de todos los adultos con trastorno de ansiedad social puede señalar un evento embarazoso específico durante su adolescencia que lo inició, mientras que un tercio identifica un evento extremadamente estresante que probablemente desempeñó un rol esencial. Los trastornos de ansiedad se asocian con frecuencia a problemas médicos. Hay estudios que ponen de manifiesto una asociación significativa entre el asma y los trastornos de ansiedad, cuyas tasas se incrementan con la gravedad de los síntomas físicos. Las afecciones alérgicas y los trastornos de ansiedad pueden ser el resultado de factores de riesgo subyacentes comunes. Algunas investigaciones revelan una relación entre los trastornos atópicos (incluidos el eccema y la fiebre del heno) y la ansiedad. Asimismo, la ansiedad a los 5 años se asocia con asma severa y persistente en la adolescencia. Los trastornos de ansiedad en la infancia están estrechamente relacionados con un mayor riesgo de depresión, ansiedad, problemas de conducta y abuso de sustancias posteriores:

• Depresión El trastorno de ansiedad social tiene una elevada correlación con el desarrollo de depresión: el doble que en otros trastornos de ansiedad y el triple en comparación con los jóvenes sin ansiedad. El trastorno de ansiedad social con inicio en la infancia y la adolescencia provoca un inicio más temprano de la depresión y un funcionamiento social deficiente. En la adolescencia, cuando la depresión cursa simultáneamente con la ansiedad social, está fuertemente asociada con ideas suicidas, intentos de suicidio y más síntomas depresivos.

• Ansiedad a largo plazo La ansiedad infantil es un fuerte predictor de un trastorno de ansiedad durante la adolescencia: el trastorno de ansiedad por separación infantil predice la ansiedad de separación adolescente. El trastorno de ansiedad generalizada se asocia también con ansiedad y ataques de pánico posteriores. El trastorno de ansiedad social en los niños está asociado con el trastorno de ansiedad generalizada de los adolescentes, la ansiedad social continua y el TDAH.

• Abuso de sustancias El riesgo de trastorno por uso de sustancias se duplica en los trastornos de ansiedad. Los trastornos de ansiedad en la niñez, incluidos el pánico y la ansiedad social, están relacionados con un mayor riesgo de consumo de sustancias, en particular el abuso y la dependencia del alcohol.

• Problemas de conducta Múltiples estudios han evidenciado también un vínculo entre los síntomas de ansiedad temprana y el desarrollo posterior de problemas de comportamiento y conductas disruptivas. La fobia social no tratada se asocia con una serie de consecuencias negativas, entre ellas, un bajo rendimiento escolar y laboral, el abandono escolar y el desempleo. Los niños cuya ansiedad se manifiesta en forma de rabietas, oposición o arrebatos violentos, se encuentran, a menudo, con problemas disciplinarios, con visitas a emergencias, etc.

Existe una creciente obsesión entre los adolescentes con el entorno que les permite conectarse con sus amigos. Los datos de 2018 referentes a la prevalencia y hábitos del uso de las redes sociales entre adolescentes, revelan que el 95% tiene un teléfono inteligente y el 45% están online “casi constantemente” (en comparación con el 24% en 2014). El 24% de los adolescentes considera que las redes tienen un impacto negatiINFOCOP 25 vo, siendo la razón principal la propagación de rumores y el bullying. Para el 31%, las redes sociales tienen un efecto mayormente positivo, al facilitar la conexión con amigos y familiares. El 97% de los jóvenes de entre 11 y 17 años utilizan las redes sociales. El 35% de ellos, revelan problemas de sueño, y el 47% ansiedad. De hecho, una mayor inversión emocional en las redes sociales, se correlaciona fuertemente con niveles más elevados de ansiedad: la cantidad de tiempo dedicado al uso de las redes sociales se relaciona directamente con mayores síntomas de ansiedad y una alta probabilidad de cumplir los criterios para un trastorno de ansiedad. Los autores del informe sugieren dos teorías que podrían explicar este fenómeno: las redes sociales pueden ser una fuente de estrés que contribuye a los síntomas de ansiedad, o los jóvenes con ansiedad elevada tienden a involucrarse en un mayor uso de las redes sociales, tal vez, como una forma de reafirmación que busca aliviar los síntomas de ansiedad. En cuanto a la detección y prevención, la mayoría de las personas que experimentan un trastorno de ansiedad no buscan tratamiento, particularmente aquellos con síntomas menos severos.

De acuerdo con este informe, es fundamental garantizar que los casos leves y moderados accedan a la atención basada en la evidencia, evitando así una carga sustancial. Desafortunadamente, los trastornos de ansiedad a menudo pasan desapercibidos: tan solo el 1% de los jóvenes con ansiedad busca tratamiento en el año en que comienzan sus síntomas, y la mayoría de los síntomas de ansiedad no se tratan durante años. A pesar de que se diagnostican más niños, aún hay muchos que no se detectan -y, por tanto, no reciben tratamiento-, debido a la falta de signos externalizantes y/o porque los jóvenes tienen dificultades para identificar cuándo la ansiedad que presentan no es normal. El primer paso para ayudar a los jóvenes es identificar correctamente los síntomas de ansiedad. Esta suele confundirse con otros trastornos, lo que resulta en un tratamiento ineficaz. Algunos errores comunes de diagnóstico son los Trastornos del aprendizaje, el TDAH, la Depresión, el Autismo, la Psicosis y el trastorno negativista desafiante. Hay algunas investigaciones que sugieren que la prevención (intervención antes de que un niño en riesgo o ansioso desarrolle un trastorno de ansiedad completo) es eficaz en niños en edad escolar y adultos jóvenes. Las intervenciones con programas de prevención comunitarios dirigidos a jóvenes adultos han mostrado su eficacia, reduciendo los síntomas de ansiedad en un 60%.

Con respecto al tratamiento, los datos ponen de manifiesto que los adolescentes y sus padres están comenzando a reconocer que los trastornos de ansiedad pueden llegar a ser graves, y cada vez son más familias las que buscan atención y tratamiento. Sin embargo, pese a la creciente conciencia, la proporción de jóvenes que reciben tratamiento sigue siendo la más baja de todas las principales categorías de trastornos de salud mental, muy por debajo de la prevalencia de ansiedad en la población: “en algún momento, el 30% de los niños y adolescentes cumplirán los criterios para un trastorno de ansiedad, pero el 80% nunca recibirá ayuda”.

En este punto, el informe pone de relieve el papel de la terapia cognitivoconductual en el tratamiento de los trastornos de ansiedad. En esta línea, la exposición y prevención de respuesta es un tipo de TCC que funciona al ayudar a los niños a abordar su ansiedad y sus temores en pasos incrementales, dentro de un entorno seguro y controlado. Los beneficios del tratamiento cognitivo conductual se mantienen a largo plazo en el 93% de los niños y adolescentes. En relación con las intervenciones cognitivo conductuales online, algunas investigaciones han demostrado que los pacientes son más abiertos y honestos con respecto a sus síntomas cuando interactúan con “humanos virtuales” y no creen que sean observados o juzgados. La meditación con conciencia plena se está introduciendo cada vez más en una amplia variedad de contextos (escuela, salud mental clínica) para ayudar a los jóvenes a manejar el estrés, la emotividad y las conductas problemáticas. La familia juega un papel esencial en la respuesta al tratamiento.

La terapia con pautas para padres y madres está mostrando resultados beneficiosos, produciendo una alta satisfacción en los padres, que informan de una reducción en los síntomas infantiles (el 60% de los niños presentan mejores resultados después de que sus padres sigan una terapia parental).

El informe se encuentra disponible a través de la página Web del Instituto ( h t t p s : / / c h i l d m i n d . o r g / o u r impact/childrens-mental-health-report/2018report/), o bien a través del siguiente enlace: www.infocoponline.es/pdf/ANSIEDAD.pdf

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