Según la OMS, cada año se suicidan cerca de 800 000 personas por depresión, y el suicidio es la segunda causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años. Además, “más de la mitad de los afectados —y más del 90 por ciento en muchos países— no recibe tratamiento”.

He pasado por momentos difíciles a lo largo de mi vida, no sé si habré estado deprimido clínicamente, pero mi terapeuta me ayudó a salir de una de las etapas más complicadas. He conocido a gente deprimida y una de mis parejas tuvo un episodio fuerte de depresión. A veces no sabía cómo tratarla, qué decir, qué no decir o cuál era la manera más eficaz de ayudar.

La impotencia o poca información sobre qué hacer en estos casos hacía que yo me esforzara al máximo por escucharla o por intentar aconsejarle, sin saber si en realidad estaba siendo parte del problema o de la solución. Estar deprimido es difícil, pero tener un ser querido que sufra este trastorno puede ser incluso más complicado.

Hace días publiqué en mis redes sociales que estaba buscando personas que hubieran estado deprimidas. En cuestión de unas horas, recibí más de 100 mensajes directos. Casi todos me contaban que tenían depresión diagnosticada y que estaban en terapia. Me sorprendí. La depresión está afectando a muchas personas y deberíamos de tomar cartas en el asunto. La salud mental nunca antes había sido tan importante.

Hablé con algunas personas que han sufrido depresión o la están combatiendo para preguntarles cuál es la mejor forma de tratarlos. Qué hacer, qué no hacer.

No seas condescendiente

Desde que comencé a decir abiertamente a mis conocidos que estoy en tratamiento por depresión, noté que hay dos tipos de reacción. “Ay, amiga, pero no te sientas así, no te falta nada, debes ser feliz”. Nunca hagas esto. Soy consciente de que tengo salud, familia, amigos y sé que mis problemas no son los más graves. Haces que me sienta culpable.

No trates de ser condescendiente. “Todos tenemos días malos” es otra frase terrible. No pretendo que los demás no tengan días malos. La razón por la que me medico es muy sencilla: mis días malos me afectan físicamente y necesito controlarlo, no busco atención, solo quiero sentirme bien. Me sentí culpable durante mucho tiempo por estar así, y al hacer eso intentaba enterrar lo que sentía, lo que con el tiempo era peor. Mis amigos se han informado sobre personas deprimidas, así que, cuando tengo un mal día, tienden a ser amables y no me preguntan qué pasa a menos que yo demuestre que quiero hablarlo, y cuando me escuchan, lo hacen sin juzgarme.

En una ocasión, un mal día desencadenó un ataque de ansiedad. Mi mejor amigo tuvo que parar el coche y me dio la mano. No me dijo mucho, pero me hizo saber que estaba conmigo y esa fue de las mejores cosas que me pudieron pasar; porque cuando me siento triste, no importa si estoy rodeada de gente, me siento aislada y sola. Que él me diera la mano me hizo recordar que no lo estaba. Esa vez terminé contándole como me sentía y poder decirlo en voz alta me hizo sentir mejor.

Diana Cortez

No quieras cambiar su forma de ser ni “arreglarlo”

La gente no tiene idea de que las personas con depresión, por ende, tienen ansiedad. Van de la mano, son hermanas. Es muy abrumador que todo el tiempo traten de hacerte ver que estás mal cuando tú ya lo sabes de sobra, no necesitas que los demás te lo estén recordando todo el tiempo. La gente debe aprender a respetarlo, la persona ya tiene que lidiar con sus problemas, no necesita que alguien le esté recordando lo obvio.

Para eso existen medicamentos: si tienes depresión de verdad, tienes que medicarte, es lo único que va a hacer que te sientas mejor.

Lo mejor que puedes hacer como persona externa a la enfermedad es tratar a la persona con depresión con normalidad. No intentes subirle siempre el ánimo o ser amable para hacer que se sienta mejor. Eso no funciona. No somos tontos y sabemos que lo haces por quedar bien. Donde más he sufrido yo ha sido en relaciones amorosas. Es horrible que la persona con la que decides estar y de la que te enamoras quiera poner de pretexto que estás “mal” para no estar contigo o para no tener que lidiar con tus problemas.

Sé maduro y no intentes “arreglar” a alguien ni tampoco lo ilusiones para luego huir porque no supiste qué hacer en sus episodios depresivos

Pero no es que quieras que esa persona te “aguante”, lo único que quieres es que te acepte como eres y que haya amor mutuo, así que si sales con alguien con depresión y no te sientes cómodo o capaz de lidiar con el hecho de que tiene depresión, entonces mejor aléjate. Sé maduro y no intentes “arreglar” a alguien ni tampoco lo ilusiones para luego huir porque no supiste qué hacer en sus episodios depresivos.

Mi mejor consejo es que si tienes un amigo, pareja o familiar con depresión, lo trates con normalidad; escúchalo, no intentes entenderlo, es mejor que la persona sienta que alguien lo está escuchando y lo toma en serio porque es una persona como las demás, solo que tiene otra característica. No lo presiones ni lo pongas en situaciones incómodas o dispararás sus niveles de ansiedad hasta el cielo. Cuando quiera estar solo, déjalo, es necesario, no estés todo el tiempo encima de él, dale espacio, hazle saber que lo quieres y demuéstralo. No quieras cambiar su forma de ser ni “arreglarlo”.

Pamela Caraveo

Compañía y apoyo

Creo que no tener una cultura sobre estas enfermedades complica las cosas, porque entonces te dicen “es que es la adolescencia” o “es que lo que pasa que es eres una vaga”. Es muy molesto que siempre estén justificando tu comportamiento con argumentos como que estás así porque eres tonto. Cuando les mencionas que tienes depresión, enseguida te dicen “seguro que te quieres suicidar” y se cierran en banda y no quieren hablar más del tema. La depresión aún está estigmatizada.

Siento que si alguien hubiera tenido la paciencia de escucharme, de escuchar mi historia y por lo que estaba pasando sin comparar mis vivencias con las de otros o justificar comportamiento con “la edad”, “la generación millennial“, “es que tú estás consentida y no quieres hacer nada”, todo hubiera sido tan diferente. Cuando fui al médico para pedir antidepresivos porque ya había tocado fondo —no salí de mi habitación en unos cuatro o cinco meses más que para comer de vez en cuando —sufrí de nuevo una falta de apoyo por los prejuicios que se tienen respecto a esos medicamentos controlados.

Me habría gustado que, aunque no estuvieran de acuerdo conmigo o con mi forma de solucionar lo que estaba pasando, me hubieran apoyando, aunque fuera acompañándome al médico o escuchando cómo me sentía. Me habría gustado que hubieran sentido empatía, pero mucha gente se asusta con estos temas y piensa que con sacar a las personas de fiesta o cosas así “se les va a pasar”.

Es fundamental que conozcas bastante a la persona y que sepas identificar si está pasando por un momento difícil. Juzgarlo y minimizar sus problemas solo va a hacer que pierda la confianza en ti o que se sienta aún peor “por estar haciendo un drama por nada”. A veces con el simple hecho de estar presente, apoyándolo, acompañándolo a sus consultas con el psicólogo o médico, decirle que es importante para ti y lo mucho que lo quieres, es suficiente.

Lo fundamental es tener paciencia. Si lo quieres ayudar creo que es una excelente idea que vayas al psicólogo, ellos te pueden dar buenas maneras para lidiar con la depresión ajena, porque cada persona es diferente y a veces perdemos la paciencia pensando que “el otro está así porque quiere y no quiere hacer nada”.

La depresión es un abismo terrible, cuando estás ahí no sabes cómo nadar hacia la superficie, piensas en el suicidio, en que tu existencia no vale.

Estoy harta de escuchar que es algo que puedo elegir [estar o no deprimida] o que solo lo hago para llamar la atención, porque no es así, y tampoco es una broma o un juego, es un tema serio que debe tratarse lo antes posible. Si quieres ayudar a alguien con depresión, ofrécele tu presencia sin prejuicios y con paciencia.

Lola Luna

Tómate en serio a la persona y la enfermedad

Me diagnosticaron depresión hace tres años, aunque tengo la certeza de que ya la tenía un par de años antes al diagnóstico, y en este tiempo he aprendido que no existe un único tipo de depresión. En mi caso, siempre he sido una persona melancólica, por lo que la imagen de chico triste la tengo desde pequeño. Esto a veces me dificulta buscar ayuda, porque no me toman en serio.

Ese sería el primer punto: tomarse la enfermedad y a la persona que la padece con la seriedad que merecen. Otro es que la depresión es una señora que da por saco y te aleja de la gente. Te quita las ganas de hacer cosas, de ver a las personas que quieres, de querer estar feliz, lo que después de un rato cansa a quienes están alrededor y terminan por alejarse.

Es importante saber que las personas que quieres están ahí. Que sepan darte espacio, pero que no te abandonen. Que te sigan invitando a sus planes aunque probablemente les digas que no.

Y sí, a veces uno prefiere estar solo, pero es importante saber que las personas que quieres están ahí. Que sepan darte espacio, pero que no te abandonen. Que te sigan invitando a sus planes aunque probablemente les digas que no.

Y un último punto esencial es que seas paciente. Si la persona deprimida decide, por voluntad propia, salir de la enfermedad, va a llevarle mucho tiempo y esfuerzo, así que creo que es crucial que seas respetuoso con el proceso y que sepas que no va a mejorar de un día para otro.

Daniel Martínez

No nos digas “no estés triste”

Me diagnosticaron depresión a los diecisiete años. Una de las primeras cosas que no deberías decirle a una persona que te dice que tiene depresión es la más sencilla: “¡Ay, chico, pero no estés triste!” Suena a cliché, pero no sabes cuántas veces me lo han dicho y es demasiado tedioso.

La depresión te hace susceptible, recuerdo que a mí me daba por estar molesto, enfadado e irritado. Mi madre lo que hacía era dejarme tranquilo y decirme que respirara. También salía a trotar y funcionaba. En público, cuando me sucedían estas cosas, lo que hacía era apartarme y hacer estas respiraciones.

Las personas que sufrimos depresión no se lo decimos a casi nadie por miedo, realmente la gente no está informada sobre lo que significa tener depresión, y si se lo cuentas —como hice yo —, te dicen cosas estúpidas como “cómprate una mascota, reza y ve a misa, sal de la casa, ve a un parque a caminar”. Ojalá la depresión la curara una mascota.

Las personas deberían ser más empáticas cuando alguien con depresión se lo cuenta, ya que no es fácil hablarlo. Compartir cómo te sientes, tu día a día, es algo que quizás parezca tonto, pero para la persona deprimida no lo es. Hay ponerse por un instante en los zapatos de la persona deprimida, no hacer chistes sobre la depresión, no tratar a esa persona como si fuera un perrito herido. No quiero que me digas “pobrecito, todo va a salir bien”. Si no tienes nada bueno que decir, mejor no digas nada.

José Benavides
Fuente: Vice
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